martes, 23 de junio de 2020

PLAN SAN MARTÍN

De las grandes crisis mundiales se emerge con solidaridad profunda, trabajo constante detrás de una pacífica revolución humanitaria y generosa.  El régimen superador del capitalismo homicida y totalitario en Argentina se llama “Plan San Martín”. 


El plan San Martín tiene como uno de sus más loables propósitos la urbanización de todas las comúnmente llamadas villas miserias, ya sean de Capital Federal como las de todas las regiones de la república, comenzando por la populosa provincia de Buenos Aires.  Significa darle un golpe rotundo al hacinamiento social, pasar del amontonamiento indeseado a viviendas dignas que permitirán un desarrollo integral de niños y jóvenes. 
Este necesario plan ocasionaría empleo abundante a la construcción y a sus muchas actividades relacionadas, generaría por sí mismo una genuina reactivación económica para el país. Se trata de que nuestros semejantes puedan salir de la marginalidad e ingresar a un circuito cultural donde su integración comunal sería por propia presencia sin violencia alguna, como un natural nacimiento a una nueva y merecida forma de vida ciudadana. 
El Plan San Martín es impulsado por Juan Grabois, entre otros, junto a un amplio abanico de dirigentes sociales y políticos. El mismísimo presidente de la Nación se encuentra sumamente interesado en la aplicación concreta del proyecto. Sería la marca distintiva de una obra magna de Alberto Fernández. Lo alentador de este sensible plan es que gobernantes como Rodríguez Larreta, Axel Kicillof y otros gobernadores se encuentran sanamente alineados en este progresista proyecto. Podemos afirmar que muchas voluntades están ya comprometidas a concretar esta iniciativa generadora de empleo y bienestar. 
Es sabido que el Plan San Martín cuenta con un poderoso padrino de lujo, de renombre planetario. Nos referimos a nuestro Papa Francisco, quien sueña con aplicar un sistema análogo en todo el planeta. Siempre las utopías motorizan a los hombres de buena voluntad, quienes trabajan para que los ideales se tornen en efectiva realidad palpable. 
Sabemos que en nuestro municipio de San Miguel los funcionarios locales ven con buenos ojos un plan fraternal de esta característica. El mismo Intendente Jaime Méndez se encuentra estudiando el plan en cuestión. 
Es alentador que desde toda la geografía política dispar, en términos partidarios, se unifiquen criterios en aras del tan mentado bien común.  
Desde Máximo Kirchner a Elisa Carrió mostraron sumo interés en el proyecto de urbanización de barrios de emergencia. Si logramos superar las rencillas personales en pos de una causa por el bien común, nuestro pueblo tendrá pronto el bienestar que merece. 
Claro que el Pan San Martín es muy amplio. Nos habla de la creación de consorcios comunitarios para la producción comunal, sistema ampliamente superador del individualismo financiero. Los futuros consorcio comunitarios son inspirados en lo mejor del sistema cooperativista actual que trabaja por una sociedad más justa. 
El plan San Martín es integral y pluralista, abierto a las modificaciones que lo puedan tornar más viable en términos de sumar adherentes sinceros. El proyecto nace con el nombre del Padre de la Patria y en este sencillo gesto visualiza cristalizarse en hechos que trasciendan para bien las parcialidades partidarias. 
Sumamos nuestro entusiasmo decidido en bien de la labor comunitaria. Hoy, la cruel pandemia tiene al proyecto madurando en las mentes de los funcionarios de bien. 
Estudiemos el Plan San Martín en profundidad y más allá de todo prejuicio. El espíritu de servicio es mucho más grande que cualquier ideología reinante. 
Una vez superado el mal del coronavirus, los funcionarios deben aplicar el fraternal plan que trasciende por mucho la profana ley del insensible mercado 
            Máximo Luppino

1 comentario:

  1. No conocía "Plan San Martín";es un proyecto alentador para la sociedad.Urbanizar las villas, es no es solamente una vivienda digna es mucho más,es dessigmatizar y apuntar a la igualdad y equidad a una parte de la sociedad olvidada.

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