lunes, 22 de marzo de 2021

BERNI, ENTRE POLÍTICA Y BALAS

 El acuciante drama de la inseguridad es la principal preocupación de la población nacional. Más aún que el escalofriante 50% de pobres e indigentes de nuestra población.  Una legión de menesterosos se mueve como fantasmas hambrientos en medio de una sociedad que teme convertirse en uno más de este ejército silencioso lacerado por sus carencias que crecen día a día.


El dolor, fruto de la incertidumbre angustiante que surge de lo más profundo de las entrañas familiares es: ¿Podremos comer hoy? ¿Qué pasará con nuestros hijos?...  


El combo diabólico lo conforman la desocupación, inseguridad e inflación. Estas condiciones interactúan entre sí potenciando la miseria poblacional argentina. Claro que a todo esto debemos sumarle el monstruo del Coronavirus que acorrala a pueblos enteros. En la hermana República de Brasil, la crisis sanitaria ya se presentó con su luctuosa pompa de dolor y muerte. Casi 3000 muertes diarias acontecen fronteras adentro en nuestro socio comercial dilecto. Mientras, Europa está auto-confinada con toques de queda y restricciones extremas para amortiguar un tanto las consecuencia de la tercer oleada de COVID-19.  


En nuestra Nación, el caso “M”, la niña de 7 años sin escolaridad que deambulaba sin rumbo cierto junto a un mayor con serias deficiencias mentales, concentró la atención periodística visibilizando una realidad que nos es difícil de asumir. La niña vivía con su madre en un habitáculo improvisado llamarlo “carpa” en un ejercicio de un gentil decir. 


Los funcionarios de la Nación, Provincia y Ciudad Autónoma sumaron sus esfuerzos para encontrar a la niña que desapareció por 3 interminables días. 


La mamá de M pidió por la presencia de Sergio Berni, quien raudamente se presentó a dialogar con la abrumada familia. Comenzaba el despliegue  vertiginoso y efectivo de Berni entre helicópteros, más de 1000 efectivos desplegados y cámaras de televisión, Sergio se aprestaba a desplegar sus cinematográficos encantos. En una combinación de Peronismo práctico, laboriosidad plausible y un toque atractivo de “Rambo” criollo despertó recelos de otros funcionarios poco laboriosos, siempre perpetrados detrás de un burocrático escritorio. 


La “historia” tuvo un final “feliz” desde el aspecto policial. Desde lo social nos obligó a mirar atentamente lo que la comunidad no quiere ver. 


Argentina no puede continuar manteniendo estos índices de pobreza extrema. No es viable que una Nación se desarrolle con esta realidad de pobreza y marginalidad que amenaza extenderse aún más. 


Es sabido que detrás de cada problema e inconveniente descansa una oportunidad para emerger y aflorar con situaciones favorables. Nadie mejor que Sergio Berni para dar fe de esta verdad irrefutable. 


El mundo político acepta a Berni como uno de su familia.  Ya muchos ven que los humildes entienden las palabras de Sergio, “Habla el idioma del barrio” y actúa con decisión en los momentos adecuados. Cierto sector de la clase media ve en Berni una posible solución al drama de la inseguridad. Poseer el “idioma” de la gente, es un distintivo peronista que Sergio ostenta con suma espontaneidad. Pelearse con funcionarios que ante la mirada popular parecen vagos e indiferentes le regala a Berni un plus de diamantes en los números de las siempre cuestionadas encuestas. 


Lo cierto es que la gente común cuando pasa por un problema de inseguridad pide que acuda Sergio Berni. Esto ya lo ven periodistas, comunicadores sociales y analistas del futuro escenario electoral argentino. 


Berni corre hacia delante en un campo minado por la realidad delictiva, en esquemas egoístas de política partidaria donde hay que cuidarse del “fuego amigo”, de los amantes de los cómodos sofás de los burócratas de siempre. 


Mientras la indigencia amenaza con hacer volar por los aires nuestro precario “orden social”, hoy el atentado institucional posee forma de miseria y hambre. Toda acción política debe entender lo acuciante de la realidad social argentina. 




               Máximo Luppino

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