jueves, 4 de marzo de 2021

ALBERTO SOPLÓ LAS CARACOLAS DE GUERRA

 Los tiempos de paz huyen desplazados abruptamente por las elecciones legislativas que se aproximan a paso redoblado. Los políticos de la oposición, como los oficialistas, pintaron ya sus rostros con bélicas tinturas. Los acuerdos y concertaciones de obligada convivencia política parecen caer en profunda somnolencia. Sólo se escucha la forja de armas que trabaja a destajo.  

El escándalo de la vacunación vip llenó de estupor a propios y extraños en el seno de una sociedad que pugna por la igualdad de derechos. Todos coincidieron en lo incorrecto y aberrante de este privilegio insoportable para los tiempos democráticos que deseamos vivir. El gobierno de Alberto Fernández acusó el golpe. Las balas habían traspasado la fuerte armadura oficialista, a tal punto que el ministro amigo del presidente, hombre de prestigio sanitario histórico tuvo que “colgar los guantes” en forma forzada. 


El humor social crítico al manejo discrecional de la vacunación fue aprovechado al máximo por la oposición. Esto originó el 27F, marcha de repudio al gobierno. Hasta aquí todo previsible, pero la falta de mesura y el mal gusto entró en escena y “aparecieron” las bolsas mortuorias con nombre y apellido de personas y de agrupaciones políticas. Ahora la pelota de la justificada irritación picó en campo gubernamental. Lo grave es que no asomó un repudio de los contrincantes a tan magno ejercicio de agresión y violencia.


Así llegamos a la apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional donde Alberto, cercado por opositores y por el lacerante “Fuego Amigo”, sopla con profundo ímpetu “las caracolas de guerra” en un mensaje claro tanto para afuera como para las inquietas huestes propias. Pareció que el presidente digiera: “Ahora, guerra sin cuartel”… La otra mejilla de Alberto se guardará hasta luego del resultado electoral de las drásticas elecciones 2021. 


Mauricio Macri pretendió olvidar el endeudamiento monstruoso que encarceló las finanzas de la Nación. Alberto Fernández no sólo se lo recordó a viva voz sino que anunció que el Estado Argentino procederá a denunciar al expresidente y colaboradores por un “préstamo” millonario en miles de millones de dólares sin saber dónde fue esa masa gigantesca de dinero. “Tantos millones para ni siquiera inaugurar una garita de colectivos”. “¡Se fumaron toda la guita!”  Afirman los pasillos del congreso nacional…


Se aproximan tiempos difíciles. El enfrentamiento entre dirigentes acarrea más hambre de la reinante en el país. Aún parece que no hay conciencia plena del delicado estado social que vivimos. 


Los tiempos de compulsa electoral despiadada ocasionan atraso, rencor y más miseria social. Reina el que “triunfa” y el que “pierde” marcha al desierto del ostracismo social. 


No perdamos de vista la obligada convivencia inteligente que las personas debemos ejercer. El presidente de la Nación balanceó con destreza las fuerzas políticas en pugna. Al equilibrio presidencial algunos “talibanes” de turno lo tildaron de “tibieza”… 


La capacidad de conciliar denota fortaleza espiritual e intelectual. Nos gusta el Alberto Fernández contenedor y persuasivo con capacidad de insistir en lo correcto para el pueblo y la Nación.  


En Argentina vemos que casi todos los gobiernos fueron lastimados más por el fuego amigo que por los ocasionales rivales. Este es un signo inequívoco de ignorancia dirigencial.  


La hoja de ruta política parece estar ya determinada por los generales de los ejércitos internos. La orden es: ¡preparémonos a batallar! En vez de construir viviendas, producir y progresar, vamos a ventear energía disputando la conquista de despachos por ocupar. 


Recordemos que por regla general despachos superpoblados suelen ocasionar fábricas desiertas con persianas bajas. 


Pensemos con el corazón en la necesidad del bien común. El contrincante electoral no es un enemigo. 


La consigna debe ser producción y trabajo, estudio y preparación. ¡DIOS ilumine a todos nuestros dirigentes! ¡DIOS proteja a la Argentina!


               


                 Máximo Luppino


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