jueves, 6 de enero de 2022

INGRATITUD Y VIOLENCIA

 

Máximo Luppino

El “rebrote” de COVID-19 en el mundo sacude a todos los países obligando a los gobiernos a tomar medidas de resguardo social desagradables, pero sumamente necesarias para la salud colectiva. En Europa, Navidad y año nuevo se vivieron con celebraciones muy acortadas y medidas de precaución acorde a los abrumadores índices de contagios. Papa Noel se presentó con barbijo y saludos distantes, alcohol abundante sobre los regalos que también sufrieron el castigo de una economía global limitada. Hasta los renos jalaban del trineo con tristeza contenida. El 2022 llegó con un masivo pedido de salud en los labios de una humanidad doliente.


Ómicron se expande con un vértigo inusitado. Es una cuantiosa cascada de nuevos enfermos, con un personal de salud fatigado. Médicos, enfermeras, camilleros, choferes y asistentes exhaustos, ya con pocas fuerzas, luego de dos años de tremenda lucha y dedicación completa al combate del COVID-19. 

En nuestra patria, las colas para realizar testeos son tremendamente pobladas. Ya sea en Ciudad de Buenos Aires, provincias, la playa o cualquier otro lugar de vacaciones. 

Entre las doradas arenas de una Mar del Plata feliz, llena de turistas, tratando de gozar de merecidas vacaciones, existen puestos de provincia y municipio testeando a los ciudadanos que sienten síntomas de Coronavirus. Asistidos por aquel mismo personal de salud que no tuvo pausa, atendiendo a sus semejantes afectados. Médicos sin vacaciones y mal pagos. Con un triste fenómeno reinante, la agresión a quienes menos lo merecen, los trabajadores de la salud sufren la intemperancia de un sector de la población que parece exigirles “súper-virtudes” a la abnegada dedicación clínica de los médicos. 

¿Cómo llegamos de los aplausos devocionales de noche tras noche llenos de gratitud al personal sanitario, a los insultos, gritos y en ocasiones golpes a los que nos atienden y cuidan? ¿Será el agotamiento psíquico, sumado a las horas de espera impiadosas, parados bajo el abrazador sol de un enero singular? 


Jóvenes, viejos, mujeres y hombres padecen más de 10 horas de espera para que al final del tortuoso día no puedan ser atendidos por falta de tiempo o insumos. Esto desencadena una cruel violencia donde las víctimas suelen ser los que velan sin pausa por nuestro bienestar.


 ¡Se establece una situación cruel de pacientes contra sanadores!


Ómicron invade el ánimo cívico y en algunos casos arrasa con el débil “barniz” de cultura que algunos exhiben como un logro de la moderna civilización.  


El pase sanitario se torna una necesidad indispensable para cuidar a los que desean vivir en salud. Los no vacunados por “principios” o presuntas cuestiones conspirativas mundiales deben reconsiderar su actitud. El mundo no tiene más margen de tolerancia. La pandemia no espera, avanza sin piedad. 


El presidente Macrón ya no tiene más paciencia. Promete implementar un Pase Sanitario donde el que no posea el plan completo de vacunación no podrá ingresar a espectáculos públicos, ni restaurantes, bares ni clubes. En concreto, quedará marginado de la vida social francesa y europea. 


Con diversos matices sucede algo similar en el resto de Europa. La salida es vacunas para todas y todos, cuidado consciente en todo lugar. 


En Argentina hay vacunas esperando la decisión de los que sólo se dieron la primera dosis, existiendo unos 5 millones que no se dieron la segunda vacuna. La prédica política antivacuna absurda es mentirosa y a esta altura de los contagios mundiales es criminal. ¿Vale un infectado más por un puñado de votos inciertos?


 Menos vacunas aplicadas, más enfermos que amenazan convertir a las naciones en un desierto de penurias. Vacunarse y persuadir a que los semejantes se vacunen es hacer patria y contribuir a un resurgimiento de la humanidad. 


Las potencias mundiales deben asumir el ineludible compromiso de vacunar gratuitamente en África y en todas las naciones humildes. ¡Hoy más que nunca la humanidad es una sola! ¡La salida es colectiva y no individual! 


Gracias desde el corazón al personal sanitario que cuida nuestra Nación atendiendo con manifiesto amor a su población. 




     Máximo Luppino



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