domingo, 18 de abril de 2021

SENDERO

 Por Gerardo Santillán.


Si bien hace años que la realidad política de San Miguel es la misma, la gravedad de los hechos ocurridos en el último año es inédita. No se trata ya de plantear cuestiones ideológicas o de acción de gobierno o de cuales son las prioridades en esa acción. De lo que se trata ahora es de frenar a un gobierno que se ha convertido en un verdadero peligro para la vida de quienes habitamos el municipio.


Solo basta con mirar lo sucedido con Lucia Costa, una joven de solo 18 años que murió quemada en el interior de un bar que no debió estar abierto en momentos en que  el país se hallaba en cuarentena y con ese tipo de actividades expresamente prohibidas. Solo la voracidad y ambición de los responsables del lugar junto a la desidia y complicidad de los responsables políticos del municipio pudo generar semejante tragedia.


O los hechos del Geriatrico Bello Horizonte, donde el caso de una enfermera con coranavirus desató un calamitoso operativo de evacuación de 40 abuelos que fueron trasladados a un lugar que no reunía las mínimas condiciones para alojarlos y que tuvo como resultado la muerte de 16 de ellos. Se sabe que 6 murieron por covid, pero las causas que produjeron las otras 10 muertes aún siguen en la nebulosa.


Tómese estos casos como botón de muestra, porque podríamos seguir enumerando sucesos similares. Y para reforzar aún más nuestra afirmación sobre lo peligroso del accionar del gobierno municipal, vale la pena detenerse un momento en la situación del principal centro de salud del municipio.


El Hospital Larcade es hoy el centro de un conflicto que esta poniendo en riesgo todo el sistema de salud local. A una vieja serie de problemas que lo aquejan (fruto de la desidia y el desinterés que esta gestión muestra desde hace muchos años), se suma ahora el serio conflicto con el personal del hospital, donde médicos y enfermeros vienen soportando condicIones de trabajo indignas, salarios que son un insulto a sus profesiones y a lo que deben sumar ahora (ante sus justos reclamos), un trato que roza la agresión. Y todo esto en medio de la feroz pandemia que nos azota.


Frente a este triste panorama, quienes conformamos el Frente de Todos tenemos la enorme responsabilidad de ponerle fin. Algo que infructuosamente venimos intentando elección tras elección y que hace evidente que es necesario revisar estrategias, métodos, y formas utilizadas en la búsqueda de recuperar San Miguel. Sin cargar responsabilidades sobre ningún compañero, ni mucho menos sumarnos a la infinidad de corrilos, rumores y acusaciones que circulan (algunos de los cuales son verdaderamente vomitivos), y que son inevitables cuando se pierde; debemos reconocer que hay amplios sectores de la militancia que exigen un recambio. Con estados de ánimo que van desde la desilusión hasta el hartazgo los compañeros esperan ansiosos el surgimiento de nuevos espacios que los identifiquen, los representen o porque no y les permitan convertirse en protagonistas a ellos mismos.


Y es que resulta imprescindible la construcción de una fuerza potente, con proyección política, identidad, fortaleza ideológica y capacidad programática capaz de lograr que el pueblo de San Miguel se sienta identificado con ella y convocado a la tarea de desalojar del gobierno municipal a los que hoy lo ejercen.


Obviamente que lograr semejante propósito no es tarea sencilla, ni de un hombre, ni de una mujer, ni de un grupo. . Pero tampoco es imposible o un esfuerzo titánico.


El peronismo y el movimiento nacional a lo largo de la historia han mostrado que cuando una fuerza política se convierte en la genuina representación de la voluntad del pueblo, cualquier objetivo es posible. Para comprobarlo ni siquiera es necesario hundirse en lo profundo de la historia. Basta con mirar al 18 de mayo de 2019, sus hechos y sus consecuencias.


Asumir la conducción de Cristina no solo con la palabra, sino con hechos concretos y replicando su conducta en nuestros lugares de responsabilidad marcaría el comienzo de la construcción del triunfo, basado en cimientos firmes y duraderos. 


Empeñados en contribuir a esa construcción y convencidos que somos muchos y muchas quienes coincidimos en ese empeño, iniciamos el camino de la victoria.

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