viernes, 16 de octubre de 2020

Entrevista: Luis Carlos Aguirre


“El radicalismo “oficial” es un empleado de la gestión municipal”


Nacido en Posadas, Misiones en 1956, vive en San Miguel desde 1963 y no pretende irse.
Militante radical desde los primeros años ochenta. Escritor y poeta. Ha sido, entre otros lugares de la militancia, concejal entre 1993 y 1997. También fue presidente del radicalismo de San Miguel entre 2001 y 2003. Desde 2017 integra el Movimiento Nacional de la Militancia Radical, sector interno que no comparte la alineación de la U.C.R. con el Pro pero que no pretende irse del partido sino recuperar sus tradicionales postulados.


¿Cuál crees que es la situación de la UCR de San Miguel hoy?
El radicalismo en San Miguel, como en toda la provincia de Buenos Aires, ha quedado marcado por su asociación con el Pro y la gestión gubernamental anterior. Esta es una discusión interna dentro del partido porque algunos, más allá de los resultados electorales o las situaciones de poder, entendemos que los clásicos postulados de siempre fueron abandonados a cambio de un “éxito electoral” efímero. La particularidad de San Miguel es que el gobierno comunal es de un “peronismo macrista” un tanto extraño. El radicalismo “oficial” aquí ni siquiera es un socio menor de la gestión municipal, podría decirse que es un "empleado" nada más. Esta circunstancia nos pone en la necesidad de explicar esto y en la obligación de hacer algo para que el radicalismo vuelva a tener su independencia y recupere su identidad. Lamento que las autoridades partidarias locales se hayan enredado en esto dejando de lado los principios que dieron sentido a la Unión Cívica Radical.
Es por eso que, asociados con los correligionarios seguidores de Gustavo Posse, representados en el distrito por Julio Franchino, hemos integrado una lista para las próximas elecciones internas a realizarse en marzo de 2021. Creemos que el radicalismo debe ofrecer a la sociedad de San Miguel una alternativa diferente de gestión municipal y provincial, en consonancia con la ética republicana y la solidaridad social.

¿En esta coyuntura que estableció la pandemia, cómo ves a los distintos sectores de la UCR local actuando en consecuencia?
La pandemia ha dejado en descubierto desigualdades sociales y falencias de la administración gubernamental que no son nuevas. En el contexto gravísimo de la presencia de este virus, los argentinos debemos atender la emergencia y resolver estos problemas serios de nuestra sociedad, dejando de lado enfrentamientos innecesarios. El radicalismo está plantado ahora en dos posiciones muy diferenciadas, quienes quieren continuar en esta lógica de “amigos-enemigos” asociados a las posiciones conservadoras del Pro y quiénes quieren una actitud diferente, con protagonismo y tomando las propias decisiones.

¿Qué propone la línea en la que estás vos para las elecciones del año próximo, dado que la situación que vivimos hoy generó un cambio organizacional en las fuerzas políticas?
Nuestra lista pretende recuperar la organización política del radicalismo para los vecinos de San Miguel. Recuperar la identidad del radicalismo como expresión de una sociedad solidaria y democrática. Tenemos que plantear una propuesta propia a la sociedad con independencia del actual
gobierno municipal y abierto a todos los sectores. En lo estrictamente partidario, la propuesta es un partido abierto a todos los grupos internos, una amplia discusión. Solamente una sociedad integrada
puede avanzar, de la misma manera, un partido como el nuestro no puede estar cerrado como una ameba en un sector aunque fuera mayoritario.

¿Tenés esperanzas de que se recupere la antigua estructura partidaria?
Más que la “antigua estructura” quisiera recuperar la mística de cambio social y apertura. No se puede seguir viviendo con la ciudadanía atrincherada en posturas irreconciliables y estériles.

¿Por qué crees que ocurrió esto con un partido como la UCR que supo ser oposición y gobierno con mucha presencia como alternancia del Justicialismo?
El radicalismo vive la misma crisis de toda la política. Se convirtió en una “marca comercial” para ofrecer candidatos como si fueran un producto de mercado. La política no puede ser una “profesión”.
Esa postura hace que los principios, como decía Moisés Lebensohn, queden “arrumbados en un folleto” y lo único importante sea tener un “cargo” y no cambiar la realidad.
Tenemos que hacer una revolución. Cambiar la mentalidad, la conducta cotidiana de una sociedad que no cree en sus instituciones, una sociedad que no cumple las normas más elementales. Todos somos responsables pero los ejemplos los deben dar los que se denominan a sí mismos “dirigentes”. Como predicó Yirigoyen, tal vez sea hora que “los pueblos dejen de ser gobernados para comenzar a gobernarse.”

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