Educación



RESONANCIAS Y MIRADAS SOBRE LA ESCUELA SECUNDARIA

 


“¡Te rompieron el vidrio del auto!”, fue la frase que resonó en el despacho de la Directora que se iba, y me entregaba la conducción de la escuela secundaria, que como todos sabemos, en aquella época se desprendió de la EGB de la Ley Federal de Educación.

Con intentos de interpretar dicha acción agregó a esa frase: “Eso te está diciendo que definitivamente estos pibes son unos salvajes y no les interesa estudiar ni quieren a la escuela.”

Luego de darme una serie de indicaciones acerca de cómo tratar a los estudiantes y una nómina de alumnos a los que no debería volver a aceptar, se despidió de mí.

En el silencio del despacho quedó haciendo eco ese contundente discurso de la Señora Directora de aquella EGB que se desvinculaba del tercer ciclo para darle paso a una nueva secundaria.

La pregunta era, ¿a esos jóvenes verdaderamente no les gustaba estudiar?, ¿la propuesta pedagógica estaba siendo la adecuada?, ¿realmente no querían a la escuela?, o ¿la relación entre escuela y comunidad estaba cargada de desamor?...

Solo el tiempo y el andar iban a traer las respuestas o tal vez más preguntas.

La mirada holística, la escucha atenta, me permitió un mejor análisis de lo que estaba pasando.

Los testimonios fueron enlazándose:

Profesores que antes de entrar a la escuela se persignaban para protegerse; la teoría de la manzana podrida, era la que guiaba a otros en la tarea de enseñar y podría escribir varias páginas con aquellas anécdotas. Tenía la sensación de que entraba a un teatro de operaciones, donde los estudiantes eran lo enemigos que debían controlarse y vigilar, y el que no se ajustaba se lo confinaba en su casa con tareas domiciliarias y si no volvía, mejor.

Por un lado, se observaba la mirada docente, dura y estigmatizante sobre “esos pibes” que venían de vivir fracasos escolares en otras instituciones, con historias complejas y que se ajustaban al estereotipo de “lo peligroso”, de “lo anormal”. Y que además llegaban a una escuela “depósito” o mejor dicho como una escuela “volquete”, ya que se le negaba la vacante en cualquier otra escuela del Distrito por mala conducta o por una enfermedad inventada llamada sobre edad.

Por otro lado, la trinchera de los estudiantes, enojados con el mundo, que solo los empujaba a generar defensas contra la violencia con más violencia, desde que nacieron hasta esos días: gritos, golpes, insultos era la respuesta de todos y para todo.

Hijos, nietos, y bisnietos que vivieron en una sociedad que nunca los alojó, que se tuvieron que abrir paso a los tumbos, familias enteras donde nunca sonó un despertador para ir a trabajar, donde el trabajo no estuvo para organizar la dinámica familiar. Hogares sin rutina, casas que, así como la escuela, no lograban crear pertenencia en el alma de esos jóvenes.

Miradas tristes, llenas de impotencia, el yo no puedo, no sirvo, ya repetí tantas veces… sonaban en la mayoría de las voces de esos jóvenes. Sin embargo, ahí estaban presentes, con la esperanza de ellos y sus familias de “ser alguien en la vida”, como me repetían cuando compartíamos una charla en el recreo o en el aula, cuando irrumpía por algún conflicto o los visitaba cuando estaban muy silenciosos.

Como siempre, a la pregunta inicial se sumaron más preguntas que respuestas, quizás ése era el camino.

¿Cómo hacer que esos “patitos feos” ─como así se veían y los veían─ se convirtieran en cisnes?

Docentes provenientes de una Educación bancaria1, cuyas prácticas no se concilian entre el educador y el educando, y tienen como propósito domesticar, adaptarlos al mundo, sin tener en cuenta al otro como parte del proceso de enseñar y aprender, que además ese otro, era el eslabón más débil de una lastimada comunidad y de un barrio fraccionado, encontraban casi imposible enseñar en esa escuela secundaria que se estaba gestando.

La carga de frustración de no poder lograr sus objetivos académicos y al mismo tiempo trabajar en una escuela “sin prestigio”, disponía a los docentes a transferir sus sentimientos de fracaso, lo cual ampliaba las distancias.

Los días de sol, una Escuela llena de docentes y vacía de estudiantes, los días de lluvia, completa de alumnos e incompleta de profesores.Esa era la foto. 

Tiza y pizarrón eran los instrumentos de control, ¡a copiar todo el tiempo!, para no dejar espacio, ni momento para convivir, simpatizar y también discutir. Habilitar estas instancias requería de comunicarse con ese otro y esto implicaba reconocerlo, si bien desde una relación asimétrica, descubrirlo como sujeto de derecho y en esa transición de la EGB a la nueva Secundaria aún no era posible.

Aunque haya pasado el tiempo, aun hoy se ven estas prácticas, esos escenarios, se siguen reproduciendo en algunas aulas y escuelas. Pero este no es un hecho que solo ocurre en la escuela, hacer solo cargo a ella de esto sería injusto y alimentaría la dualidad culpable- inocente. Los medios hegemónicos se ocupan sistemáticamente de alimentar la imagen de lo peligroso acerca de nuestros jóvenes, el de gorrito y vestimenta deportivo era y sigue siendo “el pibe chorro”, los y las que viven en los barrios populares son los marginales, y que vienen a oscurecer el paisaje.

Los opinólogos de educación que aparecen en los programas de televisión se ocupan de declararlos culpables a ellos y también a sus familias. Sin dejar de mencionar que aquel trabajo que comenzó en las escuelas en el 2007 se interrumpió por un periodo de cuatro años (2015 -2019) donde los estudiantes se convirtieron en un archivo Excel atravesados por una falsa meritocracia, y donde los docentes que tejíamos la participación, lo colectivo, lo solidario, sin renunciar a nuestra responsabilidad, debimos enfrentar en silencio y en la soledad a una propuesta educativa que buscaba el quiebre de lo que tanto nos había costado empezar a construir.

El mismo silencio y la misma soledad que se vivía en el barrio fracturado, la opción no era crear en la escuela una isla, sino devolverle la escuela a la comunidad, y participar en su reconstrucción, los pibes del barrio iban a su escuela y los alumnos de la escuela volvieran a sus hogares, aprendizaje en alegría era lo que aquellos jóvenes debían transmitir a la comunidad.

Golpeaba en mi corazón una pregunta que se fue desarrollando con el tiempo: ¿cómo se puede devolverle la esperanza a pibes que sufrían la desesperanza de conseguir un trabajo digno o incorporarse a la educación superior, aun antes de vivir sus primeras decepciones?

Toda una generación anterior le había transmitido un clima de fracaso muy difícil de combatir, ya que estaba anidado en lo más profundo de su existencia. Crear un equipo apto para escuchar al tiempo que no se desatendía las urgencias de un presente que requería respuesta en el aquí y ahora, demandaba un desafío titánico. Muchos profes venían de la misma comunidad y compartían aun sin saberlo las mismas frustraciones que sus alumnos.

Volviendo al escenario docentes versus estudiantes, aunque sus intereses corrían por carriles separados, ambos bandos tenían tantas cosas en común… que quizás esas frustraciones y angustias los podían unir en el mismo punto de partida. Silenciosamente ¡Ahí estaban, todos!, un silencio sonoro, pero sin fuerza. La única salida para unos y otros se encontraba en la lógica comunitaria. La comunidad no se puede permitir excluir, en tanto órgano ─si excluye─, deja de ser comunidad; fue ahí, en los ojos de mis alumnos y en la bronca contenida de mis profes, que encontré el camino, el cual se construía juntos en comunidad.

El escenario bélico se transformó en el lugar de encuentro.

La escuela de la comunidad no se construye en el silencio, sino en la palabra, la acción y la reflexión.

La palabra que construye, cargada de sentido ─ y no vacía y sin referencia alguna─ es fundamental para transformar la realidad. Esta temática la desarrollaremos en un próximo abordaje.

La escucha atenta, en el marco de una acción colectiva y organizada con la clara intencionalidad de transformar la sociedad fue nuestro Norte.

Siempre me dijeron que las transformaciones en educación no se ven a corto plazo, pero sí se puede ser parte de los comienzos de las transformaciones, de las rupturas y continuidades.

Construir un gobierno escolar democrático situado en la realidad comunitaria, reconocer a los estudiantes como sujetos de derecho, reconstruir la autoridad pedagógica para la conducción del escenario planteado y reconstruir la autoridad del equipo docente desde una mirada participativa fue un desafío que nos interpeló y lo seguirá siendo para todos, docentes, auxiliares, estudiantes y familias.

Los fundamentos orientadores marcaban el camino, pero lo complejidad radico y radicara en ponerlos en acción, convertirlos en praxis y tomar la experiencia de lo vivido para reacomodar lo escrito y enriquecerlo.

Las recetas mágicas no existen, quizás volcar el testimonio de lo hecho y de lo que se sigue haciendo, sería interminable, pero sí, se puede aseverar que el recorrido fue y será la reconstrucción y el fortalecimiento de los vínculos, frase muy escuchada en estos tiempos de ASPO (Aislamiento Social, Preventivo y obligatorio), pero que para emprender esa tarea es necesario analizarla profundamente y tejer esos vínculos en la escuela.

Lo cierto es que esas relaciones, solo pueden ser posibles desde el amor. El amor, no entendido desde el sentimentalismo ingenuo, ni unidireccional, sino como “acto de valentía, de compromiso con el otro, y desde la presencia” 2.

Nuestros estudiantes más vulnerados, no necesitan de la caridad, ni da las justificaciones vacías, quien no escuchó alguna vez: “…Pobrecito, mirá de dónde viene” o “no le da la cabeza” … Ellos más que ningunos, necesitan apropiarse de herramientas de conocimiento que les permitan transformarse y soñar con transformar el mundo, situados en su comunidad.

Esa meta solo se alcanza desde un amor verdadero, del diálogo entre todos los actores, sabiendo que la escuela es uno de los bastiones fijos y más importante de la comunidad toda.

 







Coronavirus: Provincia prepara un plan pedagógico ante eventual suspensión de clases

La Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) ya envió algunas recomendaciones a las escuelas bonaerenses.

TAGS: DOCENTES, ESCUELAS, MAESTROS, VIRUS, CORONAVIRUS, COVID-19
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El Gobierno bonaerense trabaja en la elaboración de un "plan de continuidad escolar" para el caso en que el avance del coronavirus haga suspender las clases o fuerce a algunos alumnos a permanecer aislados en sus casas.

Por el momento las escuelas de la provincia funcionan con normalidad y desde la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) remarcan que "bajo ningún punto de vista está la idea de interrumpir las clases".

Sin embargo, de manera preventiva sus autoridades comenzaron a preparar un plan pedagógico para que si ello ocurre no se pierdan días y se pueda continuar con la educación a distancia.

"Se trabaja en un protocolo con materiales pedagógicos y didácticos para los distintos niveles y modalidades que determina métodos, medios y contenidos para continuar con la enseñanza”, explicaron.

La intención del dispositivo de acompañamiento pedagógico es que "no se interrumpa el trayecto educativo de los chicos que están en la escuela y se garantice el derecho a la educación" llegado el caso que se afecte el normal desarrollo del ciclo lectivo.

Mientras tanto, la DGCyE, que conduce Agustina Vila, hizo llegar a las escuelas una serie de recomendaciones para docentes, padres y alumnos, con el objetivo de evitar la propagación de la enfermedad.

Entre las recomendaciones se pide que los alumnos o trabajadores de la educación que hayan estado de viaje o residiendo en los países con casos confirmados eviten el contacto social por 14 días.

Por estas horas se conformó un Comité Interministerial integrado por las áreas de Salud y Educación "para ir coordinando con Nación todas las medidas de prevención que sean necesarias" ante el avance del virus.

Vale recordar, que este martes el Gobierno bonaerense definió otorgar una licencia excepcional a todos aquellos trabajadores del sector público que hayan ingresado a la Argentina desde los países con casos confirmados de Covid-19.

En paralelo, este miércoles el Ministerio de Salud bonaerense lanzó una batería de consejos para evitar la propagación de la enfermedad que afecta a 19 personas en Argentina y que ya dejó el saldo de un muerto.

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